Estas son tres preguntas que me preguntaron vía
correo electrónico en una entrevista y que, al final, no fueron publicadas.
Quizás sea interesante conocer mis respuestas:
¿Qué
piensas de la Ley antidiscriminación?
Como lo
he sostenido varias veces, creo que esta ley es más positiva que negativa. Creo
que es un gran avance para Chile. Primero, por aterrizar el principio de
igualdad y no discriminación a la gente, a tribunales más cercanos y a un
procedimiento más expedito. Segundo, por reconocer las categorías orientación
sexual e identidad de género, ambas referidas a la diversidad sexual. Tercero,
por crear una agravante a los delitos de odio, o sea, cometidos con una motivación
discriminatoria. Y, finalmente, por establecer el deber del Estado de ejecutar
políticas públicas a favor de la igualdad y la no discriminación.
Sin
embargo, lo que algunas organizaciones le critican es que no crea un organismo
público que luche contra la discriminación. Esta crítica es un poco falaz,
porque nunca el proyecto contempló la creación de un órgano público. Mi
impresión es que hay que aumentar las atribuciones del Instituto de Derechos
Humanos en términos de apoyar los casos judiciales de discriminación y asumir
funciones de prevención, o crear una nueva entidad, un Defensor del Pueblo
hecho y derecho. Este organismo escapa a la ley antidiscriminación que es una
ley, más bien, procesal. Por eso, no me parece justo criticar a la ley antidiscriminación
por algo que debe ser materia de otra normativa.
Para mí
lo más negativo de la ley es que el inciso final del artículo 2° que establece
que se podrá distinguir razonablemente en el ejercicio legítimo de otro derecho
fundamental, poniendo por encima del derecho de igualdad a algunas libertades,
como las de culto y de expresión. Esta colisión, en todo caso, la
deberá dirimir el juez en el caso concreto. Y es importante, también en virtud
del fallo Atala, capacitar a los jueces en materia de igualdad y no
discriminación, en términos de que conozcan cuáles son los grupos
históricamente discriminados.
En entrevistas has dicho, qué no estás tan a favor
del matrimonio igualitario.
Estoy totalmente a favor. No hay ningún argumento racional para oponerse
al acceso al matrimonio a parejas del mismo sexo. La misma ley de matrimonio
civil, que instituyó el divorcio vincular, a diferencia de la ley anterior, del
siglo XIX, dejó de exigir la facultad para procrear como requisito para casarse
y la impotencia ya no es causal de nulidad. Mi punto es otro: es la oportunidad
estratégica y la prioridad ética. La oportunidad, porque primero hay que sacar
el AVP, ojalá reconociéndolo como un tipo de familia, y además porque no están
los votos para el matrimonio igualitario, no están ni en la Concertación.
Y también pienso que es mucho más prioritario trabajar, antes que el matrimonio, una ley de
identidad de género que les permita a las personas transexuales adecuar su
identidad legal a la de género. Las personas transexuales, por vivir como
verdaderas “indocumentadas”, no tienen trabajo y un muy deficiente acceso a
derechos básicos. Una vez que saquemos el AVP y la ley de identidad de género,
yo creo hay que pelear el matrimonio igualitario.
En una
columna, dijiste que eres de centro-derecha porque el eje de la sociedad debe
ser la libertad más que la igualdad, ¿por qué no la igualdad?
La
libertad y la igualdad no se oponen. Yo creo en ambos principios. Pero creo que
el ser humano se realiza cuando es libre, cuando puede decidir sobre su vida.
La igualdad sin libertad, es fatal. ¿Qué sacas con que, por ejemplo, no exista
la desigualdad que hay en Chile, si ganas 20 dólares al mes, si no puedes salir
del país, o con grandes obstáculos, como sucede en Cuba? El punto es que la
igualdad, para mí, es un presupuesto de la libertad, es un medio para poder
elegir, para poder decidir sobre lo que se quiere ser y hacer. Te pongo un
ejemplo cercano. No puede ser que el Estado decida la identidad de género de
las personas transexuales y que haya que operarse para poder cambiar el sexo
registral. Aquí el tema es la libertad para decidir. Pero también que podamos
ser iguales en derechos para poder decidir. O sea que, por ejemplo, no sea
necesario tener 5 millones de pesos para operarse los genitales y, así, cambiar
el carnet. Si te fijas, el fin es la libertad, es la soberanía sobre la vida,
pero la igualdad es el medio para lograr esa soberanía. En este sentido, digo
que la libertad es el eje. Pero ambos principios deben trabajar juntos para la
realización del ser humano.

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